jueves, mayo 05, 2005

La infancia, la familia, los recuerdos...

Con mucha emoción he leído el correo de la hija de una hermana de mi padre, mi prima pues, que despues de andarme buscando me encontró a través de uno de los blogs que redacto.
Me he emocionado mucho y me he puesto a recordar esos años de infancia en el campo jalisciense. Mi prima Lolita y sus dos hermanos Tere y José Luis nos visitaban en las vacaciones escolares; se quedaban a vivir en la casa de mis abuelos Papa Yeyo y Mamá Chuy; compartíamos los días en que no estaba presente la responsabilidad de la escuela y si la libertad para correr sobre el campo verde, para subir a un árbol de zapote o a uno de capulines y comer de esas frutas.
Con ellos también recuerdo a su madre, mi tía Amelia, siempre sonriendo.
Tuve la fortuna de compartir mi infancia con muchos primos: los que vivían cerca de la casa y los que iban a visitarnos de cuando en cuando.
Hoy la vida nos ha llevado a ellos y a mi en una diáspora que ha debilitado los vínculos familiares. Y aunque a veces quisiera volver a platicar con mis tíos, mis tías, mis primos y mis primas, la férrea rutina de la vida me obliga a no hacerlo.
Lolita, por ejemplo, ya tiene dos hijos que yo no conozco y a los que no he cargado en brazos, como si lo he hecho con otros sobrinos.
Sin embargo, me da cierto consuelo saber que el correo electrónico me va a permitir retomar ese lazo familiar y estrecharlo más, aunque quizá no llegue a ser tan fuerte como en la infancia.
Intercambiar fotos, recuerdos, saludos, es otra forma de volver a la familia, de la que no he salido pero a la que no siento tan cerca, para mi pesar pues no cambio una hora de conversación familiar por otras cosas, como ver televisión, por ejemplo.
Quizá he sido un decidioso, o mejor, un posponedor, en eso de volver a la familia, de mantenerla cerca de mi. Quizá también es bueno dejar de verlos para apreciar cuanto los quiero, cuanto los extraño y cuanto disfruto recordar los momentos que compartimos.

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