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El fuego, los tambores, el circo...

La posesión del gran Secreto

Publicado por editor | 10/08/2005 02:20:00 p.m. | 0 comentarios »


La Naturaleza no abre indistintamente a todos la puerta del santuario.
Tal vez descubrirá el profano en estas páginas alguna prueba de una ciencia verdadera y positiva. Pero no creemos que podamos alardear de convertirle, pues no ignoramos la tenacidad de los prejuicios y la fuerza enorme del recelo. (...)
Nadie puede aspirar a la posesión del gran Secreto, si no armoniza su existencia al diapasón de las investigaciones emprendidas.
(...)
No basta con ser estudioso, activo y perseverante, si se carece de un principio sólido y base concreta, si el entusiasmo inmoderado ciega la razón, si el orgullo tiraniza el buen criterio, si la avidez se desarrolla bajo el brillo intenso de un astro de oro.
La ciencia misteriosa requiere mucha precisión, exactitud y perspicacia en la observación de los hechos; un espíritu sano, lógico y ponderado; una imaginación viva sin exaltación; un corazón ardiente y puro. Exige, además, una gran sencillez y una indiferencia absoluta frente a teorías, sistemas e hipótesis que, fiando en los libros o en la reputación de sus autores, suelen aceptarse sin comprobación. Quiere que sus estudiantes aprendan a pensar más con el propio cerebro y menos con el ajeno. Les pide, en fin, que busquen la verdad de sus princpios, el conocimiento de su doctrina y la práctica de sus trabajos en la Naturaleza, nuestra madre común.
(...)

El Misterio de las Catedrales, Fulcanelli


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...perno, clavija, tirante ideal...

Publicado por editor | 8/18/2005 02:41:00 a.m. | 0 comentarios »

Pero no por aquella desviación con respecto a la Ley, prevista por lo demás en la Ley, no por aquella violación de una medida áurea se empañaba la perfección del prodigio. Sabía que la Tierra estaba girando, y yo con ella, y Saint Martin-des-Champs y toda París conmigo y que juntos girábamos bajo el Péndulo, cuyo plano en realidad jamás cambiaba de dirección, porque allá arriba, en el sitio del que estaba suspendido, y en la infinita prolongación ideal del hilo, allá en lo alto, siguiendo hacia las galaxias más remotas, permanecía, eternamente inmóvil, el Punto Quieto.

La Tierra giraba, pero el sitio donde estaba anclado el hilo era el único punto fijo del universo.

Por tanto, no era hacia la Tierra adonde se dirigía mi mirada, sino hacia arriba, allí donde se celebraba el misterio de la inmovilidad absoluta.

El Péndulo me estaba diciendo que, siendo todo móvil, el globo, el sistema solar, las nebulosas, los agujeros negros y todos los hijos de la gran emanación cósmica, desde los primeros eones hasta la materia más viscosa, un solo punto era perno, clavija, tirante ideal, dejando que el universo se moviese a su alrededor. Y ahora yo participaba en aquella experiencia suprema, yo, que sin embargo me movía con todo y con el todo, pero era capaz de ver Aquello, lo Inmóvil, la Fortaleza, la Garantía, la niebla resplandeciente que no es cuerpo ni tiene figura, forma, peso, cantidad o calidad, y no ve, no oye, ni está sujeta a la sensibilidad, no está en algún lugar o en algún tiempo, en algún espacio, no es alma, inteligencia, imaginación, opinión, número, orden, medida, substancia, eternidad, no es tinieblas ni luz, no es error y no es verdad.
Umberto Eco, El Péndulo de Foucault.

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Los sonidos, el silencio, la noche

Publicado por editor | 7/31/2005 04:57:00 a.m. | 1 comentarios »

Estoy trabajando a través de la noche. El ruido de la g4 y sus ventiladores en ratos parece desaparecer, estoy acostumbrado a escucharlo.
Esta noche, un grillo se ha colado en el cuarto de junto y hace su monótona sinfonía de chirridos. Riki riki riki riki...a una velocidad que ya la quisiera algún discjockey. De cuando en cuando el grillito omite un riki y vuelve a su tarea.
El que si me asusta cada que hace ruido es el regulador de voltaje. ¡Tac! Fuerte y claro. Siento que el corazón me brinca.
Con todo eso, trabajar de noche es un paraíso. :D